El grupo de personas que se organiza para alcanzar un
objetivo común recibe el nombre de equipo. Se conoce como trabajo, por otra parte, al esfuerzo humano y
a la actividad productiva por la cual se recibe una remuneración.
Estas definiciones nos permiten acercarnos al concepto de equipo
de trabajo, que es el grupo de trabajadores dirigidos por un
gerente. Este equipo trabaja en pos de los objetivos de la organización.
Además de todo ello hay que dejar patente que se considera que todo equipo
de trabajo tiene que pasar por una serie de fases en su evolución. En concreto,
aquellas serían las siguientes:
Formación. En esta primera etapa
es cuando se conforma el citado grupo y en ella se pueden producir situaciones
tales como la ansiedad, la desconfianza e incluso también la dependencia. En el
lado positivo, estarían factores tales como la ilusión y las ganas de
comprometerse con los objetivos de aquel y, por tanto, de la propia empresa.
Agitación. En este momento es
cuando los integrantes del equipo empiezan a trabajar como tal y eso puede
desembocar en que surjan determinados conflictos entre ellos por motivos de
inseguridad e incluso de infravaloración.
Normalización. Esta fase
podríamos decir que es aquella en la que los miembros del grupo ya se sienten
parte de un todo, colaboran y se ayudan, han resuelto los conflictos que había
entre todos ellos y eso se traduce en una mayor comodidad en el ámbito laboral.
Realización. Aquí es donde la
armonía reina dentro del equipo y eso se traduce un rendimiento apropiado,
eficaz y efectivo para poder conseguir los objetivos propuestos.
El buen funcionamiento de un
equipo de trabajo depende de varios factores. Todos los empleados que forman
parte del equipo deben trabajar para alcanzar el objetivo
común. La
solidaridad, por lo tanto, es imprescindible dentro del grupo. Esto supone que
no hay lugar para el lucimiento personal o para la competencia interna que atente
contra el objetivo de la organización.
El gerente o líder del equipo de
trabajo, sin embargo, debe saber reconocer los méritos individuales
de cada trabajador. De esta forma incentivará una sana competencia por
destacarse, ya que todos los trabajadores querrán acceder a los premios que se
entregan al buen rendimiento. La empresa, por lo
tanto, se beneficiará de esos esfuerzos individuales y el objetivo común podrá
cumplirse con mayor facilidad.
Pero no sólo eso. La persona que
esté al frente del citado equipo de trabajo es fundamental además que sepa
motivar a sus miembros, que sepa dirigirles y que tenga los conocimientos sobre
cómo “explotar” las mejores cualidades y habilidades de cada uno. De esta
manera, será como cada uno de los empleados saque a flote su potencial y así
los resultados y objetivos comunes se consigan de la mejor manera posible.
Las relaciones
personales son la clave de un equipo de trabajo, aún más allá
de la capacidad profesional. Un empleado puede aprender de sus compañeros y
mejorar sus habilidades profesionales. En cambio, una persona que tiene mala
relación con el resto del equipo sólo aportará problemas y atentará contra los
fines comunes de la empresa.

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